sábado 7 de noviembre de 2009

ALGUNAS PREGUNTAS PARA INTRODUCIR CAMBIOS

En las últimas semanas ha salido a la luz que la Audiencia Nacional está investigando una trama de corrupción urbanística en Cataluña. Si se investiga es porque todavía disponemos de un Estado con independencia de poderes, porque si tuviéramos que confiar en los partidos mayoritarios de ésta comunicad autónoma, ¡lo tendríamos claro! PSC y Convergència se taparán sus treses por cientos cuando haga falta. Unos por otros. Ya lo dijo Jordi Pujol sin tapujos: “si estirem de la manta, tots prendrem mal”.

Por suerte, el poder judicial está tirando de la manta. Porque cuando los partidos con posibilidad alternarse en un gobierno, se tapan las vergüenzas y encubren sus casos de corrupción, unos por otros, entonces la democracia se desvanece y los parlamentos se convierten en teatros en los que escenificar una burda propaganda partidista. Por eso no quieren, ni PSC ni Convergència, abrir una comisión de investigación en el Parlament.

Eso sí, luego, expulsarán de los partidos a los políticos implicados. Pero eso es, simplemente, intervenir sobre las consecuencias, no sobre las causas. Sobre las causas se interviene cuando existe voluntad de cambio. No vale, como dice Pujol, la excusa de que salpica a todos los partidos. Normalmente, cuando se hace limpieza, se corre el riesgo de ensuciarse. Pero la limpieza es necesaria. No vale, tampoco, decir que detrás de todo esto hay un “ataque de España al catalanismo”, como dice Felip Puig. Eso es ofensivo hasta para aquellos que de buena fe creen que detrás del catalanismo, en lugar de esconderse el negocio de una oligarquía, hay una causa noble.

No basta con meter en la cárcel a los corruptos. Las crisis deben aprovecharse para reparar, y mejorar aquello que no funciona debidamente. Y para eso, es imprescindible que exista voluntad para investigar y analizar la realidad, por lo que hay que formularse algunas preguntas. ¿Tiene algo que ver con estos casos de corrupción que los municipios tengan competencia para recalificar terrenos? ¿Tiene algo que ver con estos casos de corrupción el sobredimensionado y complejo organigrama institucional que tenemos? ¿No sería una solución adoptar medidas para una mayor transparencia, clarificar el mapa institucional y el reparto competencial y poner límites a los mandatos?

Responder a esas preguntas puede servirnos para introducir los cambios necesarios.

lunes 26 de octubre de 2009

EL ARTE Y EL PODER

El Tripartito, acostumbrados como nos tiene a sancionarnos cada vez que nos salimos del dogma de lo que consideran un comportamiento patriótico, trata de imponer ahora una nueva Ley del Cine de Cataluña con la que dicen que buscan “garantizar la libertad artística y de creación, la diversidad cultural y lingüística, y el papel del cine desde el punto de vista industrial”.

Seguramente convendría detenernos en este punto un momento, para reflexionar sobre qué es arte, cuál es su función y cuál es y ha sido su relación con el poder desde la noche de los tiempos a la actualidad. Pero lo que parece común en todo él, a través de la historia, es que ha servido para transmitir unas ideas a un público determinado. Por eso, cuando los artistas trabajaban para el poder religioso o político, no hacían otra cosa que representar aquello que a ese poder interesaba. Un momento simbólico para un arte que trabajaba para el poder.

¿Pero quieren los artistas, en realidad, trabajar para el poder? Todo parece indicar lo contrario y muestra de ello la encontramos en el arte crítico de vanguardias. Además, la propia Ley considera un valor a preservar la “libertad artística”. Si pusieron eso es seguramente porque les daba vergüenza revelar sus intenciones, y es que si la Ley de Universidades de Cataluña, “reivindica el catalanismo político como inspiración para a la creación de un marco propio de enseñanza superior”, no podemos pensar que quieran algo distinto para el arte y la cultura.

Por eso, cuando cínicamente dice Anna Simó -portavoz de ERC- que la nueva ley “aborda la garantía del derecho real a decidir qué obras consumir y en qué lengua consumirlas”, vemos como, finalmente, la intención de la ley no es legislar a favor de la libertad artística, sino a favor de un arte al servicio del imaginario de quien tiene el poder. Porque si realmente se busca que el artista decida, no se le debe decir sobre qué debe expresarse, ni a través de qué medios, ni a qué público debe dirigirse. Luego se verá si tiene éxito, o si tiene que buscarse otro trabajo. Sin embargo, con la nueva ley se multará a quien no distribuya al menos la mitad de las películas en catalán, y la mitad de las subvenciones al cine dependerán de la lengua en la que se vaya a rodar. De esta manera, el Tripartito de Montilla es coherente con su trayectoria, así que no está trabajando a favor de la libertad, en este caso, la artística.

miércoles 14 de octubre de 2009

LA VACUNA CONTRA LA DESTRUCCIÓN DE LA POLÍTICA


Hay una serie televisiva cuyo protagonista es un inteligente forense policial capaz de resolver los crímenes cometidos por la más retorcida de las mentes. Su habilidad se debe a que él mismo es, también, un psicópata. Un psicópata cuyo código propio de comportamiento se aproxima bastante a las normas de convivencia de la sociedad, lo que le permite participar en ella. Estoy hablando de Dexter, aunque, en realidad, lo que pretendo es introducir de puntillas el análisis freudiano del comportamiento humano y ver si así ayudo a la clase política española a recuperar la dignidad.

Los partitócratas españoles –secesionistas incluidos- nos harían un favor a todos si se preguntasen por qué han ido perdiendo credibilidad ante la opinión pública hasta el punto de llegar a convertir el “todos son iguales” en un cliché más. Para evitar un nuevo gasto inútil, una recomendación al Tripartito: no hay necesidad de encargar informes. Se trata de hacer un ejercicio de realismo, y tomar consciencia.

Hacer un análisis racional de los fundamentos de la democracia es sencillo. A grandes rasgos diríamos que se trata de un sistema político fundamentado en los principios de libertad, igualdad y justicia, que necesita de tres poderes independientes para garantizar su viabilidad, y donde cada uno de los ciudadanos es un sujeto de derecho. A través del poder constituyente, se elige un modelo institucional, con un organigrama y unas normas de participación -que a su vez permiten su modificación- cuyo fin es facilitar la solución de los problemas de gestión de una sociedad. Dándose traslado de la voluntad popular a través de sufragio universal.

El imperio de la ley sustituye al imperio de la fuerza. La razón sustituye a la brutalidad. Los miembros de esa comunidad política aceptan las normas, y se dispone de mecanismos para que esas reglas sean aplicadas a todos por igual.

De esa forma, el que circula a 200 por la carretera lo hace porque siente un impulso de atracción por la velocidad. Pero se le retira el carnet porque ese impulso pone en riesgo la seguridad del conjunto de usuarios de la vía. En realidad, violenta el tráfico. Y la norma se define para facilitar la convivencia y es aceptado así socialmente. Sin embargo, un ayuntamiento decide rendir homenaje a un golpe institucional, y no pasa nada. Será que, por parecer ya una costumbre en la política catalana, no escandaliza a nadie. "Es lo que hay", pensarán muchos.

Igualmente, al estafador que se dedica a dejar sin dinero al prójimo lo meten en la cárcel. Su delito es conseguir dinero siendo hábil con la mentira. El dinero, al fin y al cabo, se necesita para sobrevivir y el impulso que puede llevar a alguien a estafar es el instinto de conservación. Lo que ocurre es que esa acción agrede a los derechos de terceros.

Lamentablemente, la política en España parece estar dirigida por impulsos, y no por razones. Con demasiada frecuencia por un instinto de conservación, movidos por la continuidad en el cargo. Se entiende así que Zapatero negara la crisis antes de las elecciones. Corría el riesgo de no continuar como Presidente si se conocía que su gestión económica había sido nefasta. Y también se entiende así que, si quiere conservar su electorado, afirme ahora que la subida del IVA afectará especialmente “a los más ricos” aunque la realidad sea que dificulta, todavía más, llegar a fin de mes a quienes ya llegaban justos antes de que estallase la crisis. También, por ese instinto de conservación, no parece que Rajoy esté muy implicado con la trama de corrupción que azota a su partido, o por una pulsión erótica por alcanzar el poder la estrategia de ese partido esté dirigida a buscar el apoyo de un partido que, movido por otras pasiones, les llevan a poner en crisis las instituciones que dan estabilidad a la democracia.

Freud contraponía, como no podía ser de otra manera, instinto y razón. Es fácil dejarse llevar por los instintos, en cambio para utilizar la razón hace falta voluntad. Pero sólo a través de la razón es posible definir proyectos políticos a largo plazo; progresar; construir futuros mejores, más igualitarios y justos.

Pero cuando los cargos públicos se saltan las normas de participación en las instituciones, o la corrupción –no sólo el que roba fondos públicos, sino también la ética- se percibe como un mal menor, es cuando el sistema se desvanece. Que los bajos instintos determinen los movimientos políticos destruye la política en sí para convertirla en un circo donde todo vale. Y la ciudadanía, entre tanto, desconfía de esos políticos como de los psicópatas. Porque el instinto del psicópata, al final, es destructivo.

La vacuna contra la destrucción de la política consiste en una inyección de respeto y de responsabilidad. Sólo así es posible recuperar la dignidad, un atributo que descansa en la racionalidad.

Salud!

lunes 7 de septiembre de 2009

DEJAR LA VIRTUALIDAD

Hey, podemos volver a empezar
y sonar como antaño,
no ser tan tecnológicos.

Hey, podemos volver a empezar
y tocar con las manos,
dejar la virtualidad.

Y ya que nos ponemos cambiamos el sistema
que el que ahora usamos está dando problemas.

Sergio SJ, 2009

Para escucharla, haz clic en este link.

martes 18 de agosto de 2009

RETIRAR PLACAS, MUESTRA DEL CINISMO DE LA MEMORIA HISTÓRICA

La Ley de Memoria histórica contempla la “retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura”. Dice tener el objetivo de facilitar “el conocimiento de los hechos y circunstancias acaecidos durante la Guerra civil y la Dictadura”.

Puede estar bien que se retiren los monumentos erigidos durante la dictadura en homenaje y para exaltación del bando que ganó la guerra. Y digo que puede estar bien y no que está bien porque habría que valorar si borrando todo rastro del pasado se facilita el conocimiento de la historia. Por ejemplo, en Praga quedan restos monumentales del comunismo que facilitan, a quien recorre sus calles, comprender el carácter prepotente de ese régimen pre democrático. Se podrían eliminar esos restos haciendo que, por ejemplo, en lugar de aparecer la estrella sobre los monolitos, aparezca la M de McDonalds. Una condena del pasado al olvido que es todo lo contrario de la memoria, y por tanto del conocimiento de la realidad. Aunque los socios capitalistas de McDonalds estarían, seguro, encantados con el cambio.

Lo que está claro es que las 4.000 placas con las que el Instituto Nacional de Vivienda del franquismo publicitaba los edificios promovidos como vivienda de protección social, y que el Ayuntamiento de Barcelona se dispone a retirar con un coste de 50.000 € para las arcas municipales, no representan ni la exaltación de la sublevación militar ni la represión de la dictadura. Racionalmente, informan sobre un momento en la historia de la ciudad. Es un simple dato. Y la consecuencia de retirar esas placas, dificulta conocerlo porque ya no bastará con ir por la calle, sino que habrá que recurrir al registro catastral. Justo lo contrario a facilitar, que es lo que dice perseguir dicha ley. Con lo que, retirar esas placas, se convierte en una muestra de cinismo político. Porque el mismo partido que promueve una Ley, actúa en contra de los propios objetivos que dice defender.

Otra cosa es que la damnatio memoriae siempre haya sido útil para la propaganda. Aunque quizás, si nos olvidáramos de todo, como dice Félix de Azúa, ¡que pureza!